ABRUZZO: A Aquila, Teramo,

ABRUZZO

Donde la naturaleza se convierte en protagonista, desde las alturas de los Apeninos Abruzzese al litoral del mar Adriático. Es “la región de los parques”, nada menos que un tercio de su pequeño territorio, agreste y salvaje, enclavado en la parte central de la península itálica, está protegido por distintos organismos (parques nacionales, regionales y de especial protección) que defienden su riqueza histórica y medioambiental.

Desde las escarpadas cumbres dominadas por el águila real, los riscos y roquedales donde tienen su hábitat la gamuza, el lobo o el oso pardo hasta las playas arenosas o de piedrecillas, la historia ha encontrado también un hueco y ha salpicado el paisaje de pequeños pueblos de tradición campesina con sus castillos, que custodian el arte y el patrimonio de esta región. Otras veces son ciudades monumentales las que muestran el rico pasado de los Abruzos.

Recónditos valles, bosques, estaciones de esquí, parajes magníficos para el senderismo o la escalada, la costa adriática…

Todo esto y más a lo largo de una región considerada la más verde de Italia. Atractiva y autentica por haberse mantenido fuera del turismo de masas. Sus cuatro provincias: L AQUILA, TÉRAMO, PESCARA y CHIETI esperan al viajero ávido de disfrutar de este paraíso de naturaleza e historia.

GEOGRAFIA Y NATURALEZA
La región de los Abruzos limita al norte con la región de las Marcas, al sur con Molise y al oeste con el Lacio. El este está bañado por las aguas del mar Adriático y la parte occidental e interior la ocupan los Apeninos Abrucenses. Es por tanto una región muy montañosa cuyas máximas alturas, el monte del Gran Sasso (Corno Grande con 2.914 mts) y el macizo de la Majella (2.791 mts) lo son también de toda la cordillera de los Apeninos.

Este complicado relieve hace que no esté excesivamente poblada. Apenas hay llanuras, estas se reducen a la estrecha franja litoral que corre a lo largo de 150 km de playas y acantilados. Los ríos son numerosos pero cortos y de caudal irregular a excepción de dos, el Sangro y el Pescara cuya longitud supera los 100 km y mantienen un caudal regular durante todo el año. También los lagos naturales o artificiales configuran el paisaje como los de Scanno, Bomba y Campotosto que es artificial. Se han creado tres parques nacionales (Parque Nacional de los Abruzos,

Parque del Gran Sasso y Montes del Laga y el Parque de la Majella), un parque regional (Sirente Velino, por donde discurre al rio Aterno) y unas veinte áreas protegidas entre las que se encuentra el Lago de Barrea con un humedal de gran importancia, para garantizar la conservación de la rica flora y fauna que allí se desarrolla, siendo la región europea cuya naturaleza esta mas protegida. En total la región cuenta con 21 estaciones de esquí las cuales debido a la cercanía del Adriático y las precipitaciones de la zona mantienen la nieve más tiempo que en los Alpes. Entre los parques nacionales quizá el más emblemático sea el de los Abruzos.

HISTORIA
La historia de los Abruzos está marcada por un lado por lo cerrado de sus valles y lo agreste de su orografía y por otro por ser una zona intermedia entre el norte y el sur de la península itálica, lo que la ha propiciado que a lo largo de los siglos haya recibido pueblos y culturas diferentes que han forjado su presente. No en vano durante siglos a sido el escenario de la trashumancia de los rebaños de ovejas que en invierno se trasladaban hacia el sur hasta la región de Apulia. Los movimientos de población han hecho que en la región hayan quedado dos dialectos del italiano oficial, el dialecto sabino de la provincia de L Aquila y el dialecto abruzo con diversas variantes según la zona en que se habla.

Sobre la etimología del nombre Abruzos hay varias teorías, los distintos estudiosos del tema no se ponen de acuerdo sobre si viene de Aprutium que en latín significa “tierra de los pretuzos” siendo estos uno de los primeros pueblos que poblaron la región. O bien que provenga de “aper” jabalí en latín, significando por tanto “tierra de jabalíes”. Una tercera teoría afirma que el origen de la palabra Abruzos está en “a Bruttiis” es decir: de los bruzos otro de los pueblos que originariamente la poblaron y después migraron hacia el sur para asentarse en la actual Calabria.

La región de los Abruzzos ha estado habitada desde época neolítica como lo atestigua el esqueleto hallado en Lama dei Peligni, provincia de Chieti. Estos primeros pobladores eran el pueblo itálico de los pelignos. Los testimonios históricos más antiguos sobre ellos datan de la dominación romana y destacan la importancia de su principal ciudad Corfinium, la actual Corfinio en la provincia de L Aquila. Bajo el Imperio Romano sus habitantes fueron considerados ciudadanos de Roma.

En la Edad Media, siglo XIII, la región comienza a definir sus fronteras y se establece el “justicierato de Abruzo”, dividido en dos territorios: Abruzo Ulteriore que correspondería a las actuales provincias de L Aquila y Teramo y Abruzo Citeriore a las de Pescara y Chieti incluyendo también Molise que hoy en día es una región independiente. Ya en tiempos actuales, en 1963, quedo configurada tal como es en la actualidad.

En el año 2009 un devastador terremoto asoló la ciudad de L Aquila, que desde entonces pone todo el empeño en su recuperación. La densidad de población de la región de Los Abruzos es de las más bajas de Italia aunque hay una gran diferencia entre el interior y la costa donde se concentra la mayoría. El desarrollo económico ha sufrido una gran transformación en los últimos tiempos ya que ha pasado de ser una tierra ganadera y agrícola a repartir estas actividades con una potente industria que va desde la ingeniería mecánica hasta la investigación en los campos de la electrónica, farmacia, aeroespacial, biomedicina etc.
La capital de la región es L Aquila, aunque reparte con Pescara distintos organismos de gobierno como la Junta Regional. Curiosamente hay dos ciudades que por sus diferencias y peculiaridades respectivas reclaman desde hace tiempo la autonomía del gobierno regional, son: Sulmona y Avezzano. Ambas reclaman junto con sus municipios aledaños el estatus de provincias.

PARQUE NACIONAL DE ABRUZZO
Crea en 1923 con la intención de proteger la naturaleza tanto la flora como la fauna ya que algunas especies como osos, lobos y rebecos en peligro de extinción. Su extensión de 50.000 hectáreas se sitúa sobre todo en la región de Abruzos aunque también hay parte en las de Molise y Lacio.
El parque se puede visitar de diferente formas como a caballo, bicicleta o en invierno con esquís de fondo. Hasta 150 rutas de diferente dificultad cubren casi 250 km para conocer la fauna (águila real, osos pardos, ciervos, nutrias, zorros, cabras montesas…) y la variada flora que en primavera alcanza su máximo esplendor. Y los muchos pueblos medievales que salpican los valles en cuyos alrededores se pueden encontrar según se pasea, setas y trufas de excelente calidad.
Uno de los puntos de partida para el descubrimiento del parque es el pueblo de Pescasserolli, en la provincia de L Aquila, que en invierno es centro de esquí, en el que se pueden visitar el Museo Naturalista, el Parque faunístico donde se acogen los ejemplares de la fauna de la zona que por algún motivo han sido heridos y necesitan cuidados, el Jardín de los Apeninos, un jardín botánico que ilustra sobre la flora de la montaña y no muy lejos la Abadía de San Pedro y San Pablo del siglo XII, en cuyo interior se guarda una curiosa imagen de madera de una Virgen negra.
Otro pueblo de referencia es Civitella Alfedena, con sus casas de piedra gris. Esta parte del parque es territorio del lobo itálico. Hay que visitar el interesante Museo dedicado a este animal así como el recinto en el que viven varios ejemplares en semi-libertad.
No muy lejos, en el curso del rio Sangro, se forma el lago artificial Barrea, aprovechando la orografía del terreno y el desbordamiento del propio rio. y es hogar de numerosas aves como la garza real europea. En su orilla el bonito pueblo medieval del mismo nombre, Barrea, se alza sobre un espolón rocoso.

También en el curso del rio Sangro está Villeta Barrea, a los pies del Monte Mattone y protegida por su castillo del siglo XIV. Otro bonito pueblo junto al lago Barrea es Alfedena que conserva su muralla y el castillo medieval del príncipe Caracciolo de Cellammare y una torre normanda de planta octogonal de los siglos X al XI. Desde la cercana Montaña Spaccata se pueden obtener unas maravillosas vistas del lago.
Subiendo a casi 1.000 mts de altitud se llega a la tierra del oso marsicano, especie endémica de los Apeninos. En el pueblo de Villavallelonga, se ha creado un Museo del Oso en el que se puede aprender sobre las características y costumbres del mítico animal. El empeño del museo es fomentar el respeto por este animal en peligro de extinción.
En la pequeña localidad de Opi, enclavada en la zona boscosa de Val Fondillo, está el Museo de la rupicabra de Abruzo, otro de los animales de referencia del parque. Además se puede visitar el recinto arqueológico ya que este pueblo atesora un antiguo pasado.
En invierno, para la práctica del esquí, son imprescindibles las estaciones de Roccaraso y Rivisondoli. Este último con un antiguo origen que se remonta al siglo VIII, se puso de moda en 1913 cuando los reyes de Italia lo eligieron para sus vacaciones.
Parajes y estaciones de montaña como Campo Imperatore (una alta meseta conocida como “pequeño Tíbet” que en invierno es un destino magnifico para el esquí de fondo), Campo Felice, las Gargantas del Sagitario (para visitarlas hay que llegar hasta el bonito pueblo de Scanno), la Gole dell Aterno (en el curso del rio Aterno), las Cascadas de Zompo lo Scchioppo y los lagos de Penne y Serranello también merecen una visita.

L ‘ AQUILA

La provincia de L Aquila es la más extensa de la región de los Abruzos. Ocupa el interior de la región y es la única que no tiene costa. La mayor parte de su superficie está enclavada en las cuencas altas del los ríos Aterno y Sangro y en los parques nacionales de los Abruzos, La Majella (con la cumbre del Amaro de 2.795 mts de altitud), el parque regional de Sirente-Velino cruzado por el río Aterno, cuyas aguas son las más frías del país y la Reserva Natural de Zompo lo Schioppo con las más bellas caídas de agua de la región. Su territorio montañoso, quebrado y surcado por ríos y valles cerrados, guarda pueblos y ciudades que a pesar de conservar tradiciones diferentes e incluso dialectos locales, atesoran una historia común.
Es sorprendente la cantidad de castillos que se conservan en esta zona. En el siglo XV se impregna la provincia de un sentimiento religioso muy fuerte canalizado por la predicación de los monjes franciscanos que llenan el paisaje de iglesias y monasterios. La belleza de los núcleos urbanos de esta provincia está reconocida en el ranking de pueblos más bellos de Italia, en el que 13 de los 108 que están recogidos, corresponden a L Aquila, entre ellos Castel di Monte y Navelli. El acceso a esta bella y agreste tierra se ha mejorado considerablemente con la apertura del túnel del Gran Sasso en el año 1984.
La provincia de L Aquila ofrece innumerables rincones entre su agreste paisaje, desde los pueblos medievales que se protegen bajo su castillo, como Celano en el que se encuentra el Castillo de los Médicis llamado Piccolomini, a las numerosas iglesias y monasterios construidos sobre los templos paganos de la antiguas ciudades romanas o ciudades como su capital…

L Aquila es la capital de la provincia del mismo nombre. Está enclavada en el centro del valle del Aterno, a 714 mts de altitud, no lejos de donde se yergue el Gran Sasso, cumbre de la región que en invierno ofrece sus instalaciones para el esquí y domina el paisaje. Su población no llega a los 75.000 habitantes y está rodeada de numerosas industrias de electrónica. Su peculiar emplazamiento hace que quede un poco fuera de las rutas turísticas habituales.

Su origen se remonta al periodo romano en el que se fundó un núcleo urbano llamado Amiternum. Hoy se pueden ver sus restos cercanos a la ciudad. Sobre ellos, en el siglo XIII, el emperador Federico II del Sacro Imperio Romano Germánico, mandó construir una ciudad fortificada que aglutinara a todos los poblados de la zona bajo un gobierno común “el camerlengo”. Asi se convirtió en una próspera ciudad y “comuna libre” que agrupaba “99 castillos con sus 99 pueblos y 99 plazas” y los edificios que en ella se iban construyendo eran acordes a su categoría. En ella se acuñaba su propia moneda y el comercio de la seda, encajes, lana, azafrán… gozaba de gran prosperidad.

Llegó a su apogeo en el año 1400 en el que apoyó la causa de la Casa de Anjou. Es en este momento cuando se llegó a fundar una universidad llamada “Studio Generale” y a establecerse una de las primeras tipografías italianas a instancias de Adamo di Rottwill, discípulo de Gutenberg. A partir del siglo XVI comenzó su declive aunque la ciudad se siguió enriqueciendo con nuevos edificios y monumentos. A partir de 1821 participó en las revueltas que acabaron con la formación del Reino de Italia al cual se anexionó en 1860.

La riqueza de su patrimonio artístico e histórico atesorado con el paso de los siglos es tal que se la conoce como la “Florencia de los Abruzos” o la “Salzburgo de Italia”. Los principales monumentos que destacan son el castillo del siglo XVI – XVII, construido bajo la dominación española y llamado la Rocca. Destaca por su originalidad la Fontana dalle 99 Canelle que data del año 1272 y recuerda el número de plazas y castillos con que contaba la comuna en el pasado, curiosamente no se ha llegado a determinar dónde está el origen del manantial que abastece de agua la fuente. Entre los edificios religiosos destacan la bella Basílica de Santa Maria di Collemaggio, construida en 1287 en estilo románico tardío, es el mejor exponente de este estilo en toda la región. Su fachada está decorada con incrustaciones de mármol que embellecen sus portadas.

Llego a ser sede de varias coronaciones papales. Otras iglesias importantes son Santa Giusta (del siglo XIV, con un rosetón adornado con flores y figuras humanas y un abrevadero en la entrada), San Bernardino (de 1444, dedicada a S. Bernardino de Siena ya que alberga su cuerpo, destacan la fachada renacentista y la gran escalinata de acceso), Santa Maria Paganica (en la parte más alta de la ciudad), el Duomo de L Aquila o Catedral de San Massimo, San Doménico, Iglesia de Santa Maria del Suffragio, de Santo Pietro a Coppito situada frente a una plaza cuya fuente tiene doce lados, San Silvestro (en cuya puerta se alterna la piedra roja y blanca y que sufrió el expolio del cuadro de la Visitación de Rafael que hoy en día se puede ver en el Museo del Prado de Madrid) y a las afueras de la ciudad, pegada a la roca del valle del Gran Sasso, el Santuario de la Madonna d Appari, construida en el siglo XII para conmemorar las apariciones marianas que contaba la tradición local.

También en las cercanías de la ciudad está el emblemático castillo de Rocca Calascio, el más alto de Italia.

Además abundan los palacios y casas nobles barrocos y neoclásicos en las calles de esta ciudad que en el año 2009 fue castigada con un terrible terremoto que causo muchos muertos y tremendos destrozos materiales. Actualmente L Aquila está inmersa en proyectos de restauración y recuperación de su incalculable patrimonio artístico.

CASTEL DEL MONTE Está considerado como uno de los pueblos más bellos de Italia. Situado al norte de la provincia, en el corazón del Gran Sasso y colgado en una ladera escarpada, su emplazamiento es espectacular. Cerca se encuentra la planicie de Campo Imperatore.

El origen de este pueblo medieval se remonta al siglo XI a.C. ya que se han encontrado restos de una antigua necrópolis. Cuando los romanos llegaron y conquistaron esta zona establecieron un asentamiento al que llamaron Cittá delle Tre Corone (de las tres coronas) pero siempre se la ha conocido por el nombre actual que deriva del latín Castellum Montis o lo que es lo mismo “fortaleza de la montaña”. La historia ha ido dejando su impronta y hoy se puede pasear por sus calles sin que parezca que los siglos han pasado.

Los principales ejemplos son la Chiesa (iglesia) di San Rocco, del siglo XVII, construida junto a la puerta principal de entrada de la ciudad llamada también de San Rocco. Esta puerta, una de las cinco de acceso a la ciudad se cerraba por las noches hasta el siglo XIX para impedir la entrada a los bandoleros. En el siglo XVII, los Médicis mandaron construir diversos edificios entre los que destaca la remodelación del castillo y la Chiesa Matrice di San Marco (año 1657), cuya torre es una de las características de este templo. Otra iglesia de Castel di Monte es la de la Virgen del Sufragio con una interesante pintura de San Juan Bautista.
Las murallas que rodean el pueblo también se deben a los Médicis que de esta manera quisieron mejorar las defensas de la villa.

En la actualidad el turismo representa una importante fuente de ingresos para este hermoso pueblo que además es punto de partida para conocer el Parque Nacional del Gran Sasso. Sus tradiciones son un gran atractivo para los cada vez más numerosos visitantes que llegan. La tradicional trashumancia ya no se practica pero si queda la fiesta llamada “La Notte delle Streghe” (de las brujas) que se celebra a mediados de agosto y consta de numerosas representaciones nocturnas.

SULMONA El origen de la antigua Sulmo se remonta a tiempos remotos, pero fue Tito Livio en el año 211 a.C. quien la cita por primera vez en relación al ataque que sufrió por parte de los cartagineses de Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica. Allí nació el gran poeta latino Ovidio cuya estatua preside la principal plaza de la villa, la Piazza XX Settembre. Bajo los romanos fue una importante ciudad de la región de los peligni, la tribu itálica que poblaba esta zona.

En la Edad Media alcanzó su máximo esplendor al quedar bajo la protección del emperador Federico II.

Su situación privilegiada en el valle del rio Gizio, en el punto donde se une a varios afluentes, añade mas encanto si cabe a este bello pueblo en cuyas calles del casco antiguo se encuentra la Catedral en estilo románico de transición al gótico y algunos añadidos del siglo XVIII, la Ermita de Celestino V y el conjunto que forman la iglesia barroca de la Anunciación con el palacio gótico-renacentista que alberga al Museo Municipal, en el que se exhiben interesantes colecciones de arqueología y orfebrería, en las que son maestros los artesanos de la zona. Esta artesanía es uno de los atractivos de Sulmona junto con sus dulces o “confetti”.

 

ALBA FUCENS Es el nombre romano con el que se conocía a la actual Albé, situada a los pies del Monte Velino y cercana a la ciudad de Avezzano .Su origen se remonta a un asentamiento del pueblo de los equílocos que estaban en permanente pugna con sus vecinos marsios. El emplazamiento era un cruce de caminos muy codiciado por ambos pueblos pero fueron los romanos los que establecieron una colonia a partir del año 303 a.C. para dominar, desde la colina en la que estaba situada, la cercana Vía Valeria. En la época imperial se convirtió en una ciudad muy rica y próspera, como se puede apreciar por los restos que desde el año 1949 se van descubriendo.

Quedan unas antiguas murallas, construidas con bloques de piedra cuidadosamente tallados. El lado norte de las murallas esta reforzado con tres hileras de defensas añadidas posiblemente por los colonos romanos. A medida que avanzan las excavaciones aparecen calles (cardux y decumanus), restos de edificios como los de una casa o “domus” en la que se conservan mosaicos, un lugar para el culto y las columnas del peristilo. Junto a la casa se conserva un “miliario” dedicado al emperador Majencio, decorado con una escena de lucha de gloriadores y una inscripción que indica la distancia a Roma (68 millas romanas). También se han descubierto calzadas así como un curioso sistema de cloacas muy eficaces y subterráneos que seguramente sirvieron para la defensa de la ciudad.

Sobresalen el mercado o “macellum”, las termas con sus mosaicos y un “sacellum” o pequeño altar dedicado a Hércules. En la Vía dei Pilastri se pueden ver algunas “tabernas” en las que quedan restos de las antiguas tuberías de plomo, mostradores y pilas de agua.
Da idea de la importancia que tuvo Alba Fucens en la antigüedad su teatro, construido en un contrafuerte rocoso de las cercanas Colinas Pettorino. Su excepcional acústica hace que actualmente se use en verano para diversas representaciones.

En Alba Fucens se han ido superponiendo los estratos de la historia y sobre los basamentos de un templo pagano, seguramente dedicado a Apolo, se alza hoy en día la Iglesia de San Pietro, dominando el emplazamiento de la ciudad romana, construida en el siglo XII con materiales pertenecientes al antiguo templo, como las columnas que separan las naves. En el siglo XIII se añadieron unos mosaicos en estilo bizantino de gran calidad para decorar el iconostasio.
Otra iglesia interesante es la cercana Colegiata de San Nicola, en la ciudad moderna, que data del siglo XI y que conserva en su interior un hermoso tríptico de madera del siglo XIII en estilo bizantino y decorado con esmaltes.

En los alrededores de Albé, la naturaleza ofrece espacios maravillosos para el senderismo como el parque natural de Sirente-Velino. En el barrio de Rosciolo de la cercana localidad de Magliano de Marsi se halla una joya de la arquitectura religiosa de la zona, la iglesia de Santa Maria in Valle Porcianeta, con su fresco de la Virgen de la Leche, un cimborrio decorado y una imagen de Santa Lucia.

No lejos, hacia el norte, en la meseta de Navelli está el pueblo de Bominaco, con dos interesantes ejemplos, uno es el pequeño oratorio de San Pellegrino con frescos del siglo XII y la iglesia abacial de Santa Maria Assunta también del siglo XII. Y cerca, en Corfinio hay que visitar la iglesia, catedral y monasterio de San Pelino y la de San Michele Arcangelo así como los restos de la ciudad romana.

CASTEL DI SANGRO esta situado al sur de la provincia de L Aquila ya casi en la región de Molise. El emplazamiento en el amplio valle del rio Sangro, favoreció su desarrollo en el pasado, desde su fundación por el pueblo itálico de los samnitas que lo llamaron Aufidena.

El clima, debido a su situación geográfica, es bastante riguroso, frio en invierno y caluroso y seco en verano, a pesar de ello, al estar a solo 800 metros de altitud, no suele nevar demasiado.

La imagen del castillo en ruinas y de la Colegiata dell Assunta dominan la población. Esta última se construyo en el siglo XIII y sus dos puertas monumentales, la renacentista y la romántica son sus principales atractivos.

En agosto celebra la festividad de su patrón San Rufo y como parte de las actividades que se programan esta el espectáculo de fuegos artificiales. Para los amantes del cine, en otoño tiene lugar el “Made in Italy Film Festival” dedicado al cine italiano de autor.

TAGLIACOZZO es un pueblo medieval situado en el extremo occidental de la provincia de L Aquila, ya casi en la vecina región del Lacio. Se fundó en el siglo IX en las laderas del Monte Bove por los francos como bastión frente a los ataques de los sarracenos, tan frecuentes en aquella época.

Durante las disputas en este territorio entre la casa de Anjou y la de Suabia, Tagliacozzo fue testigo en primera fila de una de las batallas más cruentas del conflicto entre ambas facciones. El vencedor de la contienda fue Carlo d Angio de la casa de Anjou y el resultado fue el ocaso de la casa de los suevos y el ajusticiamiento público en Nápoles de Corradino de Suabia. Este episodio aparece en la Divina Comedia del gran Dante Alighieri.

En el siglo XV la ciudad pasó a depender de la casa de Orsini, más tarde paso al reino de Nápoles y finalmente se anexionó al reino de Italia.

En las calles de Tagliacozzo ha quedado la huella de este pasado histórico en sus edificios, monumentos y mansiones señoriales.

Entre los edificios religiosos cabe destacar la Iglesia románica de los Santos Cosme y Damián, del siglo VIII, la Iglesia de San Antonio Abad de la primera mitad del siglo XV, la iglesia de San Francisco donde está enterrado el Beato Tommaso da Celano, el primer biógrafo del santo de Asís y el Santuario de Maria Santísima de Oriente con una interesante imagen de la Virgen. De la época en que la ciudad perteneció a la familia Orsini queda el Palacio Ducal que mandaron construir en el siglo XIV.

Cercana a Tagliacozzo se puede visitar la pequeña localidad de Scurcola Marsicana, también villa medieval y cuna del filosofo Antonio Rocco cuyas tesis sobre los fundamentos aristotélicos de la ciencia le enfrentaron a Galileo. No muy lejos se encuentran el pueblo de Celano con su castillo que alberga un interesante Museo Arqueológico y de Arte Sacro.

SCANNO Es uno de los pueblos más característicos del valle del río Sangro con sus retorcidas calles y sus portales barrocos por los que los siglos han dejado su huella.

Está situado junto al lago del mismo nombre, que le aporta un encanto especial junto con el paisaje que le rodea (está enclavado en el Parque Nacional de los Abruzos).

El nombre viene de la palabra latina scamnun (escaño) que significa taburete, en referencia a la forma que había tomado su centro histórico. Su origen se cree que se remonta al pueblo de los samnitas que fueron conquistados por los romanos.

De esa época se conserva una lápida romana. Durante las invasiones bárbaras, Scanno no se vio afectado debido a la inaccesibilidad del terreno pero más tarde con la llegada de invasores sarracenos y otomanos sí que fue sometido, quedando de aquella época reminiscencias como la especie de turbante que llevan las mujeres en su traje típico.

No hay que dejar de visitar su Iglesia de Santa Maria della Valle de estilo románico, en cuyo interior tiene tres naves cuyas columnas aun conservan restos de los frescos que las cubrían en la época medieval en que se construyó.

TERAMO

La provincia de Teramo es la más septentrional de la región de los Abruzos. Al norte y oeste limita con las regiones de las Marcas y el Lacio respectivamente, al sur con las provincias de L Aquila y Pescara y el este está bañado por el mar Adriático. Su territorio se extiende entre la vertiente oriental de los Apeninos, que ocupan el oeste de la provincia y el litoral adriático, hasta el que llegan los valles del interior. El oeste, por tanto, es montañoso ya que su relieve está ocupado por el Macizo de la Laga y el del Gran Sasso que con la altura máxima del Gran Corno, 2.912 mts, domina hermosos valles como el del rio Vomano con su lago de Campotosto, cascadas, gargantas, abundantes bosques y el glaciar del Calderone, considerado el más meridional de Europa. Esta naturaleza se puede conocer a través de los senderos del Parque Nacional del Gran del Gran Sasso y Monte Laga, a pie, en bicicleta o a caballo, para admirar la valiosa fauna del parque (osos, rebecos, lobos, águila real….) y las más de 1.600 especies vegetales que constituyen su flora. Son famosas las rutas de “Sulle tracce di Annibale” y la de “Lu gir de lu Ncuume”.
La costa es arenosa y goza de un agradable clima mediterráneo que favorece la existencia de numerosos centros turísticos ideales para disfrutar del mar, rodeados de adelfas, pinos y palmeras. A las principales ciudades costeras de Teramo se las conoce popularmente como las “siete hermanas” (Alba Adriática, Martinsicuro, Tortoreto, Giulianova, Roseto degli Abruzzi, Silvi Marina y Pineto) y varias de sus excelentes playas han recibido la bandera azul europea.
Sus primeros habitantes fueron el pueblo de los picenos, el mismo que poblaba la vecina región de las Marcas a cuyo territorio pertenecía hasta que en 1806, bajo el Reino de Nápoles tomó entidad como provincia independiente.
Teramo es una tierra entre el mar, la montaña, la historia y el arte que la impregna, que nunca defraudará al viajero que la visite y que le acogerá en un ambiente auténtico que se disfruta de manera especial en la tradicionales fiestas que tienen lugar en cada pueblo y que son famosas a lo largo de todo el país. En ellas se mezcla la cultura y la artesanía con los productos locales de calidad y la gastronomía para dar una idea de la autenticidad de esta provincia.

TERAMO es la capital de la provincia homónima. Su nombre deriva la denominación romana, “Interamnia Urbs”, ciudad entre dos ríos. Efectivamente Teramo nació en la confluencia del río Tordino y del torrente Vezzola, entre colinas cercanas al Gran Sasso d Italia, y no lejos de la costa adriática. Pocas ciudades pueden presumir que, desde ellas se divisen a la vez playas y cumbres nevadas. Su atractivo radica en su dilatada historia y el arte que atesora su casco antiguo.

Los primeros habitantes se establecieron en este lugar hacia el primer milenio a.C. Seguramente fueron picenos por los restos que se han encontrados en diversas excavaciones arqueológicas, pero fueron los etruscos y fenicios los que dieron gran importancia comercial a esta ciudad entre los siglos VIII y V a.C. convirtiéndola en la capital del territorio poblado en ese momento por los pretucios, que la llamaban en aquella época Pretut o Perut, denominación que en su idioma significaba colina rodeada de aguas, en referencia a sus dos ríos. El primer periodo de gran prosperidad como atestiguan los historiadores Tito Livio, Tolomeo o Plinio, lo alcanza bajo el mandato del emperador Adriano, en el que la ciudad se dota de numerosos edificios civiles como termas, teatro, anfiteatro, bellos mosaicos y templos dedicados a los dioses Marte y Apolo.

En el año 410 la ciudad es destruida por Alarico I que lidera la invasión goda en la península itálica hasta que en el año 553 pasa a depender del Imperio Bizantino. Hasta el siglo XIII sufre varios ataques de los normandos y pasa a estar bajo el dominio del Reino de las Dos Sicilias. Con la preeminencia de la Casa de Anjou en toda esta región, Teramo conoce un segundo periodo dorado en que ve como se reconstruye la ciudad y toda la comarca, levantándose gran cantidad de castillos, monasterios, iglesias y palacios. Este esplendor va acompañado de un auge cultural sin precedentes de la mano de los artistas Jacobello del Fiore y Nicola de Guardiagrele y comercial por sus relaciones con ciudades como Venecia. Bajo el dominio español de los Abruzos, se produce en Teramo un hecho en el que se mezcla la leyenda con la historia. La noche del 17 al 18 de noviembre del año 1521, la población teramanesa se rebela contra el nuevo señor de la ciudad, el Duque de Atri, que la había comprado a Carlos V por 40.000 ducados. El pueblo indignado, se enfrenta a los ejércitos del duque que son vencidos por la intervención divina de la Virgen y de San Berardo, el patrón de la ciudad.
En el año 1815, Teramo queda definitivamente anexionada al reino de Nápoles y posteriormente a Italia. Hoy en día es una ciudad animada y activa a lo que contribuye el hecho de ser sede de una de las mayores universidades del sur de Italia, fundada en el año 1993 y que acoge a gran cantidad de estudiantes extranjeros.
Una visita por el centro histórico de la ciudad de Teramo bien puede comenzar con los restos romanos cuyo mejor ejemplo es el teatro construido en el siglo II, bajo el mandato del emperador Adriano. Pudo llegar a albergar a 3.000 personas. Actualmente quedan muros originales de hasta 3 metros y algunas partes aun están cubiertas de edificios posteriores que utilizaron como material de construcción el del propio teatro. A pesar del paso del tiempo su visión impresionó al poeta Gabriele D Anunzzio, tanto que dijo que “la ruina del teatro de Interamnia atestigua la antigua majestuosidad romana….”. Otro vestigio de esta época es el anfiteatro, cuyas dimensiones (200 mts de largo) hablan de la importancia que alcanzo la ciudad. Durante la Edad Media se uso como bastión de defensa.

No lejos se encuentra el edificio más emblemático de la ciudad, el Duomo o Catedral de Santa Maria Assunta y San Berardo (San Bernardo). Se comenzó a construir en 1158, cuando el obispo Guido II quiso edificar un templo digno de acoger las reliquias de San Berardo da Pagliara, patrono y protector de la ciudad. Muchos de los materiales de construcción que se emplearon provenían del teatro y anfiteatro romanos. La portada principal es muy característica en este templo ya que consta de un gran arco que enmarca la puerta sobre la que se alza un tímpano gótico decorado con estatuas. A la derecha de la iglesia está el campanario de 50 mts de altura. Formado por varios cuerpos en cuyos muros se abren estrechas ventanas. La torre esta coronada por tres campanas. También puede visitarse la cripta que guarda los restos de San Berardo, construida bajo la iglesia. En el interior de la catedral esta una de las obras maestras de la orfebrería, El Palio, construido por Niocola da Guardiagrele en el siglo XV.

NECROPOLIS DE CAMPOVALANO

Muy cerca de Teramo se puede visitar un interesantísimo recinto arqueológico que se remonta a la edad de bronce y a los primeros pobladores de esta región, los picenos. Es la Necrópolis de Campovalano situada junto al pueblo de Campli.

Situada al lado de un rio, hasta el momento se han excavado hasta 600 tumbas que abarcan desde la Edad del Hierro y del Bronce hasta el siglo I de nuestra era. En los ajuares funerarios encontrados en algunas de ellas, se aprecia la jerarquía social que estructuraba la sociedad de la época.

 

 

ROSETO DEGLI ABRUZZI En el litoral adriático se suceden diversos núcleos urbanos que destacan por la belleza de su costa y la limpieza y calidad de sus playas de aguas cristalinas. Desde Alba Adriática llamada “Spiaggia d Argento” (playa de plata) hasta Pineto destaca sin duda la localidad de Roseto degli Abruzzi, también conocida como “Lido delle Rose”, ha llegado a ser uno de los centros turísticos costeros más importantes de la región de los Abruzos, desde el siglo XIX cuando se emancipó del bonito pueblo medieval de Montepagano, situado en el interior sobre una colina, al que pertenecía. Su emplazamiento entre dos ríos, Tordino y Vomano, que propician los viñedos, sus elegantes villas del siglo XIX unido al indudable atractivo de su litoral, que reside en las grandes playas que permiten fácilmente el baño ya que el descenso del fondo marino es muy gradual, la convierten en un lugar perfecto para unas vacaciones en familia en un entorno en el que el arte envuelve la ciudad y sus actividades culturales como el festival de cine “Roseto Opera Prima” le proporcionan una animación y vida inigualables. Su Iglesia de San Antimo con la torre medieval, la iglesia de la Santíssima Annunziada de finales del siglo XVI, la iglesia de Santa Maria Assunta, la Capilla Rossicum de culto ortodoxo con bellos iconos y mosaicos, la Torre Medieval de Montepagano y tantos otros monumentos cumplen con creces con el visitante ávido de arte e historia.

GIULIANOVA Otro de los más conocidos centros turísticos de la costa adriática es Giulianova cuyo antiguo origen se remonta al neolítico, aunque fue en el siglo III a.C. cuando los romanos fundan una colonia comercial junto al núcleo de población que ya existía y la llaman Castrum Novum. La establecen junto al rio Tordino y con el paso del tiempo fue desarrollándose hasta alcanzar gran importancia como nudo de comunicaciones y centro comercial. Durante la Edad Media queda prácticamente despoblada por los sucesivos ataques bárbaros y pasa a ser un dominio de los ostrogodos, llamándose Castel San Flaviano a partir del siglo XII en referencia al mártir y patriarca de Constantinopla. A finales del siglo XIV el señor de la ciudad, Giulio Antonio Acquaviva, manda reconstruirla tras la devastación sufrida por la batalla de Tordino, en la que se enfrentaron aragoneses y angevinos. Giulio Antonio Acquaviva dedica sus esfuerzos a embellecer la ciudad con hermosos edificios renacentistas y pasa a llamarla Giulianova, nombre que llega hasta nuestros días.
En el siglo XIX debido al aumento de la población, parte de las murallas son demolidas y la ciudad se extiende hacia el mar, creándose otro núcleo urbano que hoy en día se llama Giulianova Lido y es uno de los centros turísticos costeros más importantes del litoral adriático. Sus elegantes edificios y hoteles acogen gran cantidad de veraneantes que disfrutan de unas playas de excelente calidad.
Actualmente las dos “Giulianova” constituyen uno de los centros industriales, turísticos y con más desarrollo de la costa adriática de los Abruzzos. El centro histórico está dominado por la catedral de San Flaviano a partir de la cual se articulan calles, plazas, edificios etc. Todo ello dentro de unas armoniosas dimensiones. En la Plaza Vittorio Emanuele se pueden obtener bonitas vistas del mar desde el Belvedere. Además hay que visitar el Santuario della Madonna dello Splendore que conmemora unas apariciones marianas del año 1557, el Museo d Arte, el Museo arqueológico Torrione, la Capilla de los Bartolomei así como la Casa Museo de Gaetano Braga (1829-1907), compositor italiano y virtuoso del chelo.

ABRUZZO: A Aquila, Teramo,
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